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Cuenca del Caguán y Piedemonte Caqueteño descubriendo el valor de la transformación

Desde el Piedemonte, incluyendo Algeciras Huila que fue y es la puerta de conexión con los Andes,  hasta el centro del universo amazónico en el Chiribiquete, convivían diversas etnias indígenas, alrededor de una multitud de ríos y quebradas, que nacen en las montañas y cursan este enorme territorio de occidente a oriente, desembocando en el río Caquetá, la frontera sur de esta subregión.

Uno de estos ríos es el Caguán, que se encuentra en el corazón del territorio, y a cuya cuenca llegaron los colonos a finales del siglo XIX, buscando quina y caucho. Sin embargo hasta el siglo XX, en especial a mediados de este, cuando arreció la lucha partidista en el centro del país es que llega aquí una gran oleada poblacional. Estos, en busca de un lugar aislado a donde huir de la violencia, se aventuran en los espesos bosques y van conformando pequeños lugares de estancia. Con el tiempo, logran establecer una cultura y producción ganadera y agrícola a fin al lugar de donde provenían.

No se puede hablar de una identidad única, pues tanto en el piedemonte, donde cada poblado está marcado según el lugar de procedencia de sus habitantes, como a lo largo de los extensos ríos amazónicos, donde aún viven decenas de etnias indígenas, sigue habiendo diferentes formas de expresión y variedad en sus formas de vivir.

A todo este fenómeno social, se le sumó el auge de los cultivos ilícitos, los cuales han traído una gran depredación del medio ambiente y una fuerte presencia de grupos armados. La violencia por la falta de Estado, la desconfianza y la discontinuidad en los procesos llevan a carencias económicas y sociales, que no permiten crear un tejido social sólido. Es por esto que la comunidad ha visto en el PDET, mediante el diálogo y la participación directa, una oportunidad de construir la región que desean a 2033:

Será una subregión interconectada con las demás zonas del país, con una infraestructura vial adecuada, favoreciendo así el desarrollo de encadenamientos productivos que beneficien a sus habitantes. La protección de la vida y de los derechos de propiedad se convierten entonces en elementos clave para la promoción de la buena convivencia y de un ambiente económico estable.

Esta visión de los 433.096 habitantes en los 91.458 km2 que conforman esta subregión, quedó plasmada en el Plan de Acción, firmado el 31 de enero de 2019, y en el cual participaron 18.777 personas de todos los 17 municipios.

En cuanto a las iniciativas que se propusieron en este Plan, sumaron un total de 3.322, de las cuales 1.108 son de carácter étnico. Las iniciativas se dividieron en 8 pilares de desarrollo. La mayor proporción está en el pilar de Educación Rural y Primera Infancia (22,58%) , debido a la carencia de las escuelas rurales en donde las niñas y los niños puedan encontrar oportunidades. Le sigue el pilar de Reactivación Económica y producción Agropecuaria (17,40%), lo que muestra en gran potencial y las ganas de salir delante de sus pobladores. Los pilares de Infraestructura y Adecuación de Tierras (13,18%), Salud Rural (11,77%), Vivienda, Agua Potable y Saneamiento Básico Rural (8,76%)  y Reconciliación, Convivencia y Construcción de Paz (12,94%) suman un total de  1.550 iniciativas, que solucionarían gran parte de las necesidades urgentes de los pobladores. En el pilar de Ordenamiento Social de la Propiedad Rural y Uso del Suelo  hay 290 iniciativas (8,73%) enfocadas a dar claridad sobre los usos del suelo, en una región extensa, pero muy sensible ambientalmente.

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